Blogia
De Quimeras y Ensoñaciones

Fuego en el viento

Una regodeante carcajada se escuchó dentro del vehículo que circulaba por la carreta nacional, después del tedio de aquella aburrida y eterna autovía de línea recta, paralela al Henares, cuyo valle está flanqueado por montículos manchados de pinares, una carretera A2 tan rectilínea que del aburrimiento tan solo te podía sacar jugar a: "soltar el volante, conducir sin manos, y con los ojos cerrados contar hasta cinco", el vehículo hizo una S imperceptible.
El hijo le gritó al padre que no lo volviera a hacer más y el padre le respondió con una sola palabras: ¡ Cagón !
A la izquierda, a lo lejos lejísimos, en el monte, en la colina, junto a la prominencia visiblemente diminuta de la iglesia, en el pueblo de los Santos, una columna de humo de color negro se elevaba hacia el cielo del mediodía.
Su hijo le dijo que estaba siendo inhumano, que aquello no tenía la menor pizca de gracia, y el padre volvió a reírse. ¡ Claro que la tenía ¡, y mucha , ¡desde luego que sí! . Sólo el imaginar que la casa de sus jactanciosos suegros pudiera estar ardiendo era un prodigio de aleluyas, pero claro, sólo era una banal idea, estúpida e irracional y a sabiendas de irrealidad. Unicamente era formulada guasonamente, para enojar, para bromear, para picar al medroso universitario de su vástago; desde allí abajo, desde la nacional, era quimérico, absurdo, imposible determinar, allá en la cima, en lo alto, el punto exacto del incendio, y padre e hijo lo sabían, pero al hijo no le gustaban las burlas ironizantes de su padre acerca de sus abuelos y al padre por el contrario, le solazaban más y más y se burlaba, mofándose de sus padres políticos, y le decía al hijo que quizá fuese la casa sus abuelos, la que estaba ardiendo, ¿es que acaso no lo ves? , ¿Nunca te han enseñado geografía en la escuela? , ¿Nunca has visto un mapa? , ¿y claro, no sabrás lo que significan esos números al pie del mismo en formato 1: 100.000? , ¡Que os enseñaran hoy día en la universidad¡ , es la escala, ¿en la escuela no os enseñan nada sobre escalas?, vaya, sin pensarlo, sin mearlo ni cagarlo me ha salido un pareado, significa que un centímetro en el mapa corresponde a 100.000 centímetros en la realidad, 1 cm., en el mapa es un kilómetro en la realidad, torpe, cuando yo era pequeño y venía con mi padre por esta carretera solíamos jugar al juego del mapa, mi padre, de él lo he aprendido todo, todo lo que soy ahora se lo debo a él, ya quisieran aprender tus otros abuelos a parecerse mínimamente a él, no le llegan ni a la suela de los zapatos, un juego, colocábamos el dedo índice y el pulgar paralelos, como si estuviésemos sujetando una bolita de cristal, como cuando tú eras pequeño y quería coger la luna entre los dedos, acuérdate, pues bien, así medíamos nosotros las distancias a lo lejos, extendíamos el brazo y con los dedos medíamos la longitud y ahora mismo, ahora mismo, veamos, soltó la mano derecha del volante, extendió el brazo y miró a través del hueco que formaban sus dedos, desde la iglesia del pueblo hasta el humo hay unos 2 kilómetros, porque es lo que abarca del dedo gordo al índice, que son dos centímetros y la casa de tus abuelos está a 2 kilómetros de la iglesia y en esa dirección.
Vaya una forma de amedrentar a un hijo que al principio se había asustado, pero que ahora acababa de comprender la gracia y se reía también diciéndole al padre que era un cachondo mental y que no le había hecho maldita sea la gracia la bromita y que no era tan estúpido para necesitar que le explicaran lo que era una escala en un mapa y que él quería tanto o más a sus abuelos maternos como a su abuelo paterno y que dejara ya de darle la murga y mofarse de él y dejara de hacer el tonto con el coche y no soltara el volante y se fijase en la carretera.
Cogió el móvil, llamó por teléfono a sus abuelos y estos le dijeron que estaban bien, que el incendio era de rastrojos, en la otra vertiente del montículo, lejos del pueblo y de su casa.
Dejaron atrás la nacional y el humo de los Santos, tomando el desvío próximo y tras unos quince minutos de viaje, allá en lo alto, otra inédita columna de humo se intuía, esta vez el humo era blanco a ratos y a otros se transformaba de un blanco sucio a un gris ceniza, ascendía inclinado hacía el sur por el efecto del viento, un viento que llevaba fuego, que jugaba con él a su capricho, fuego en el viento, un helicóptero azul y blanco del que pendía una bolsa roja repostaba en la charca de una depuradora cercana, y las ruidosas giroscopicamente luminarias sirenas de un par de coches de bomberos aullaban en el mediodía, entretanto las llamas lamían con su lengua de fuego, mordían con sus dientes, y clavaban con sus garras las cortezas de los pinos. El pinar estaba ardiendo y su casa, enclavada en la recién inaugurada urbanización, parecía estar en medio de todo aquella pesadilla, de aquel mal sueño.

No acaban nada mas de ser dichas las siguientes palabras "Me importa un pepino el humo que vimos antes, pero ese que se divisa ahora en lontananza, parece situado muy próximo a casa", cuando sonó el teléfono móvil, el padre se lo arrancó literalmente de las manos al hijo y oyó la voz quebrada por el desconsuelo y el sollozo de una mujer que le decía que se había producido un enorme incendio cerca de su casa, que ella había podido escapar de las llamas, pero que no encontraban a su padre por ninguna parte, que no podían acercarse porque las llamas lo rodeaban todo, la guardia civil les había evacuado, todo estaba ardiendo, la masa gaseosa en combustión ascendía por encima de los pinos y el humo era asfixiante, oprimía las gargantas ahogándolas, sofocándolas, extrangulándolas.


Un camión de gas propano bajaba por cuesta, por el repecho encajonado entre paredes arcillosas y, un instante de descuido, de una mente en blanco, de una mente momentáneamente enajenada, escéptica, incrédula, agobiada por la duda y el miedo, y distraída, peligrosamente distraída, abstraída en una conversación mortal a través de exclamaciones interiores, ¡ Dios, No ! , ¡No! , ¡No es posible! ¡Mi padre! , ¡La casa!, ¡Gracias que tú estás bien! . Estamos viendo el humo. Llegaremos en cinco minutos. ¡Las llamas! ¡Dios! ¡Estamos viendo las llamas desde aquí! . La vida puesta en un teléfono móvil. Un volantazo a destiempo, los reflejos que te impulsan a reaccionar con un frenazo inútil, los chirridos del caucho calcinando el asfalto, ¡Papá, cuidado! ¡El camión! . Una colisión frontal, una explosión descomunalmente ruidosa, seguida de varios zambombazos menores, un infierno, todo quedó abrasado, consumido, desintegrado en moléculas invisibles.
El fuego causado por la deflagración se propagó hacia los hierbajos secos de la cuneta de la carretera, que empezaron a arder como yesca, un tercer incendio visitó la región, vistió la zona y se propagó hasta llegar al río.

1 comentario

white -

Lo narras de tal manera que mis primeras palabras han sido:"joder"